Opinión libertaria

El concepto de libertad ha sido cooptado y manoseado hasta el asco por los neoliberales, por el imperialismo norteamericano, por la iglesia. El concepto que estos entes manejan es que la libertad es el "derecho divino" de apropiarse del trabajo de otros para beneficio propio y autodesignarse como propietario de bienes acumulados sin fin y sin destino mas que el lucro.
La libertad es la capacidad y el derecho de todas las especies de vivir dignamente acorde a sus necesidades y capacidades. En este panel de notas me tomo la libertad de comentar y denunciar las miserias y verdades del capitalismo, la libertad neoliberal y las miserias de la religión.

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Alcances para una ontología del mercado.

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En esta nota pretendo hacer una visión ontológica del mercado.

El mercado es una tijera: un cuchillo de ésta tijera es la oferta, y el otro; es la demanda. En el medio de ambos cuchillos, a corte de una maquinaria formalizada de la usura,  está la alienación de un sector sorprendido de la humanidad. 

El mercado es un método de intercambio de productos y servicios y por ende es incoloro, insensible, insípido, invisible. La actividad mercantil despertó la ira de Cristo por única vez en su existencia recurriendo al látigo para ahuyentar a los llamados mercaderes o gestores del comercio o acción del mercado, ademas de sentenciar para la eternidad a sus proxenetas; los ricos, que no entrarán al cielo mas que un camello pase por el ojo de una aguja.

Una  táctica-moral básica del mercado es: "con el mínimo de inversión el máximo de ganancia" o bien con el mínimo de recursos el máximo de ganancia". Se agregan a estos preceptos variadas formas; por ejemplo! "las ganancias (léase usura) se capitalizan, las pérdidas se socializan (léase: lo paga el estado)"

Por su parte la ganancia es una forma de engaño o robo del tiempo de trabajo de muchos en beneficio de unos pocos. Una teoría y análisis materialista de la misma la llama plusvalía, vale decir el valor que el proxeneta capitalista obtiene de la compra y venta de trabajo hora-tiempo de seres humanos dispuestos (o necesitados por fuerza bruta social) a vender su tiempo de trabajo.

El mercado se nutre de una supuesta motivación existencial humana por el consumo,  pero como solo se trata de un método de intercambio usurero del trabajo de las personas; fundado en el servilismo, el mercado es ilusorio y su detrito, la ganancia o usura, viene a ser su alma, el origen de su pecado mas fundamental. 

A la necesidad de los seres humanos de obtener para su sobrevivencia y satisfaccion personal los bienes de su trabajo, el sacerdote mercantilista usurero le llama mercado y lo pretende convertir en un ser propio que actua y reacciona con voluntad propia. Este ilusorio encantamiento se logra gracias a que los sacerdotes de la usura pintan e iluminan, empaquetan y transportan el producto del trabajo de miles para así encantar, resaltando su contenido en lo sexual, lúdico o estético de productos que no son nada mas que trabajo- tiempo- espacio dedicado por un-otro a generar mas de su necesidad, para asegurar la supervivencia y la felicidad de todas las especies vivas.

 Los componentes estructurales y funcionales del mercado son: sacerdotes y oficiantes mercantilistas, seres humanos llamados clientes o consumidores y la propaganda o mercadotecnia oficiada por serviles del sacerdocio mercantil.

El mercado es un invento, una ilusión maldita en manos de una casta de sacerdotes del mismo, que viven su propia y destructiva religión: la usura o ganacia,  basada en un derecho supuestamente divino; la propiedad sobre la tierra, el aire, el mar y el subsuelo. Los espacios de acción creados por el mercado para operar son áreas concentradas de distribución de productos y servicios empaquetados o llamados almacenes, negocios, malls o pulperias. A estos lugares acuden las personas en busca de obtener los productos, alimentos, ropa, energía que les permita su supervivencia. Allí el mercado se cree dios e instala su propio culto: el consumismo, cuyo acto basado en el deseo y el pecado original, gatilla la veleidad, el narcisismo, el egoísmo y una supuesta competitividad cuantitativa entre los humanos, creando representaciones ficticias de poder, de belleza, y felicidad. 

Una ontología de las sensaciones generadas por la estructura formal del mercado y sus oficiantes se basa en la miseria de la humanidad de socavar su propio entorno en función de la veleidad de otros. 

Francisco Rojas

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Tagged in: Mercado Mercantilismo
Francisco Rojas Aguayo. Es Informationsproducent. DGI - IA. Stockholms Universitet Bussines School. Profesor de Informatica de Escuela de Enfermeria de la Universidad de La Serena, Desarrollador Web. Relator en tecnicas Multimedia del Kursverksamhet de Stockholms Universitet. Ha obtenido premios literarios de la Editorial Quimantú del Gobierno de la Unidad Popular en Chile y de poesía de la Asociación de Latinoamericanos Residentes en Växjö, Suecia.

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